«La maternidad no es un derecho a toda costa»

Mónica López Barahona, presidenta de la Fundación Jerôme Lejeune, explica las razones por las que no apuesta por el vientre de alquiler

—Si hay tantas parejas que desean convertirse en padres y no lo consiguen, ¿cuáles son los argumentos para que no lo hagan mediante un vientre de alquiler?

—Es una explotación del cuerpo de la mujer a través de un contrato. Éticamente no es aceptable. Además, la mujer para quedarse embarazada necesita preparar su útero y para ello recibe de forma artificial un coctel hormonal que no es saludable. La mujer es muy vulnerable porque cuando está en situación de pobreza es más fácil que acepte alquilar su útero y las condiciones del contrato. La parte que contrata puede exigir a la madre gestante desde que no coma carne, a que no se tiña el pelo o que no mantenga relaciones sexuales durante 9 meses. El 99% acepta que el parto sea por cesárea, para que el niño sufra menos y se evite un mayor vínculo a la madre, que al despertar de la anestesia ya no tiene ocasión de ver a su bebé. Es una utilización vejatoria de la mujer que ha sido plenamente consciente durante 9 meses de su embarazo. La maternidad no es un derecho a toda costa.

Por otro lado está la situación de los niños. Normalmente se transfiere más de un embrión. Si son fecundados varios, la parte contratante puede exigir que se practique una redución embrionaria o aborto selectivo para que solo nazca uno. La mujer contratada tiene todas las de perder porque por su posición económica no recibe asesoría jurídica. También son muy numerosos los casos de progenitores que, amparándose en el supuesto derecho que les otorga el haber realizado una transacción económica, rechazan la paternidad del bebé nacido cuando padece una discapacidad física o intelectual. Además, respecto al niño está la cuestión de que pueda conocer su origen biológico, que se vulnera en casi todos los casos.

—¿Cuántas personas pueden reclamar la paternidad del bebé?

—Pueden llegar a ser hasta seis adultos: la madre genética o biológica (donante de óvulos), la madre gestante (el vientre de alquiler), la mujer que ha encargado el bebé, el padre biológico (el donante de esperma), la pareja de la madre gestante (que tiene la presunción de paternidad), y la pareja de la mujer que ha encargado el bebé.

—¿En qué situación queda la madre después de dar a luz?

—El 10% de las mujeres que se somenten a esta práctica requieren tratamiento psicológico porque desde el punto de vista emocional se sienten como si hubieran perdido a su hijo. Aún así, también es habitual que reincidan porque el vacío que les queda lo quieren cubrir con otro embarazo. La maternidad subrogada recurrente no es saludable para la mujer en ningún caso.

—¿Cuál es la alternativa a los vientres de alquiler?

—Hay varias como la adopción u otras fórmulas menos conocidas pero igualmente válidas como la acogida permanenete de menores. Sin ir más lejos, en la Comunidad de Madrid hay 2.000 niños tutelados en residencias que no tienen posibilidad alguna de regresar con su familia biológica En menos de un año, una pareja puede tener a uno de estos menores

—Sí, pero la adopción puede suponer unos cinco años de espera…

—Tampoco está tan distante del tiempo que se requiere para ser padres por vientre de alquiler: entre uno y dos años hasta que el embrión se genera y está en condiciones de transferirlo a la mujer, más los nueve meses de embarazo casi son tres años. No es tan grande la diferencia de tiempo.

Por otra parte, existen cifras que llaman poderosamente la atención. Según los datos del Ministerio de Sanidad en nuestro país hay una media de cien mil abortos al año. Aunque lo ideal es ayudar a estas madres para que tengan las condiciones necesarias para tener a sus hijos, de no ser asi, con el nacimiento de estas niños se cubriría en quince día la demanda de adopciones en nuestro país. Habría que cambiar la legislación y poner los recursos económicos, administrativos y legales para que se pueda llevar a cabo.

Fuente: Laura Peraita. ABC

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