Asociación Española de Farmacéuticos Católicos | ELVIRA MORAGAS
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ELVIRA MORAGAS

ELVIRA MORAGAS

Por D. José Carlos Areses Gandara.

Como católico se, que cuando la Iglesia Católica canoniza o beatifica a una persona, es para que sea modelo, para que sirva de ejemplo e intentemos imitarla y seamos testigos fieles de nuestra fe, como nuestra beata lo ha sido. Nuestra beata además de santa en su vida, fue mártir, como mártires han sido los últimos 498 españoles que fueron beatificados en Roma el pasado 28 de octubre. Y fue mártir por defender su fe, por defender a la Iglesia y por proteger y defender a sus hermanas carmelitas.

En mi condición de farmacéutico lo que me ha impulsado a escribir sobre la vida de nuestra compañera, es intentar darla a conocer más, y que juntos compartamos, la alegría y el honor que representa para nuestra profesión, tener una compañera elevada a los altares. Si llegáramos a tener un farmacéutico galardonado con el premio Nobel, por ejemplo, seguro que
todos lo estaríamos festejándolo. Pues ¿por qué no vamos también a alegrarnos juntos, si tenemos ya una beata farmacéutica? En la vida de nuestra compañera —Elvira Moragas— lo primero que hay que resaltar, es que ella fue una mujer con una gran personalidad, puesto que en el año 1900 que una chica estudiase en la Universidad era dificilísimo. Elvira tuvo que salvar innumerables escollos sociales. Elvira fue buena estudiante, en el bachiller fue sobresaliente y en la Facultad de Farmacia aprobó siempre todas en junio. Por tanto estamos en presencia de una mujer no solo con gran personalidad y adelantada en su tiempo, sino además de gran inteligencia.

Elvira fue la primera farmacéutica propietaria de una oficina de farmacia. ¿Cuantas farmacias están en manos hoy, de farmacéuticas?… Pues la pionera fue Elvira Moragas. En su trabajo profesional Elvira destacó por su seriedad, honradez y responsabilidad, así como por su amabilidad con la gente, sus consejos al enfermo y sobre todo por su caridad con los más desfavorecidos.

Su familia era una familia distinguida y acomodada. Su padre fue farmacéutico de la Casa Real. La familia de su madre era una saga de insignes militares. Su madre era muy culta, muy aficionada a la lectura y gran educadora. El primer colegio que tuvo Elvira fue el de San Fernando de las Madre Mercedarias, cerca de Cuatro Caminos. El bachiller los Primeros años los hizo en el instituto San Isidro y después en el instituto Cardenal Cisneros en la calle de los Reyes, destacando por sus magníficas notas. Elvira en su infancia tuvo un carácter fuerte, era muy suya, no cejaba hasta conseguir lo que quería. Su madre con gran habilidad fue puliendo su temperamento, haciéndola reflexionar, para que no fuese caprichosa. Elvira fue una chica alegre, con un gran deseo de vivir, de divertirse. Le gustaba vestir bien, ser elegante, montar a caballo, llegó a recibir clase de «sevillanas», Viajo a Italia y a Tierra Santa con su padre. Los veranos se los pasaba en Miraflores de la Sierra, donde sus padres tenían un chalet, y ella se lo pasaba muy bien con sus amigos. Tuvo pretendientes, y no se sabe si llegó a tener novio, lo que si se sabe, es que salía con un chico educado, correcto y respetuoso, pero lo que son las cosas, liego parece que resultó masón.

Su educación religiosa fue profunda, corriendo fundamentalmente a cargo de sus padres. Su madre la llevaba muchas veces a la iglesia para visitar al Santísimo y para rezar a la Virgen. A cien metros de la farmacia de su padre, estaba la iglesia de San Marcos, su parroquia, que ella frecuentaba para asistir a misa y recibir los sacramentos. Se confesaba con el párroco, D. Lope. Se hizo de Acción Católica y los fines de semana acudía a los suburbios donde enseñaba a los niños y repartía alimentos a los más necesitados. Gustaba también, dada la cercanía de la farmacia a la parroquia, acudir a la iglesia en sus ratos libres para estar con el Señor y hacerle compañía. Le encantaba la naturaleza y con frecuencia, sola y en silencio, gustaba recrearse en ella. La hermosura del campo, la belleza de la flor, la inmensidad de los bosques, la grandeza del firmamento, el cántico de los pájaros, el rugir del viento, el silbido de la brisa… todo le expresaba a Dios. Elvira contemplando lo finito vislumbraba al Infinito Así era el alma de Elvira. En el silencio de la oración, iba gustando de Dios, de su amor, de
su dulzura, de su infinitud. Cada vez más, sentía que Dios era el que de verdad, le llenaba el corazón.

Conoce a la priora del Convento de la Carmelitas de la calle Torrijos, y entre ambas nació una mutua simpatía. Las visitas de Elvira al convento se prodigan porque había quedado prendada de la paz y la alegría que allí se respiraba. En esas circunstancias muere D. Lope y Elvira acude a la iglesia de los jesuitas en la calle de la Flor, en busca del P. Rubio. Este pronto se dio cuenta de la grandeza y generosidad del alma de Elvira y fue él el que le refrendó su vocación: «Elvira, Dios, la quiere para si». Su padre había muerto; Elvira le dice a su madre lo de su vocación. Esta le pide que espere hasta que su hermano termine la carrera de Farmacia, Elvira se lo promete. Muere su madre y después de esperar a que su hermano termine, el 21 de Junio de 1915. Es el día más feliz de su vida. Postulanta, novicia y el 6 de Enero de 1920 hace su Profesión Solemne.

En esos años de formación se distinguió por su sencillez y humildad, no teniendo más entretenimiento que la oración y el trabajo. La nombran priora el año 27, el año 30 Maestra de Novicias, el trienio del 33 al 36 es nombrada tornera y el 1 de Julio de 1936 la nombran otra vez priora. Estalla la Guerra Civil, el 20 de Julio es asaltado el convento por los milicianos, rompiendo puertas, cristales, pisoteando cuadros sagrados, profiriendo horribles blasfemias y tirando cuantas imágenes y otros objetos de culto encontraron, así como incendiando en medio de la calle cuantos enseres del convento pudieron. Pusieron a las monjas en fila frente al convento, entre los insultos y los gritos de la gente que contemplaba el espectáculo. Las religiosas creían que había llegado su última hora y la madre Sagrario anima a sus hijas con serenidad y entusiasmo. Las llevan a la Dirección General de Seguridad y allí las sueltan y dejan que se repartan en las casas de los familiares y el 14 de Agosto, se enteran unos milicianos que la priora estaba en casa de los señores Ruiz y presto van a apresarla. Se la llevan a la checa de Marqués de Riscal, la amenazan, la cachean y la someten a un intenso interrogatorio. De allí a eso de las diez y media de la noche se la llevan a la Pradera de San Isidro y la fusilan.

Así en los albores del 15 de Agosto, la madre María Sagrario, entrega su vida a Dios, siendo su alma asunta al cielo, el día que la Iglesia Católica celebra la gloriosa Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.