Asociación Española de Farmacéuticos Católicos | Eutanasia y Cuidados Intensivos son conceptos antagónicos
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Eutanasia y Cuidados Intensivos son conceptos antagónicos

Eutanasia y Cuidados Intensivos son conceptos antagónicos

Ref.: Eutanasia y Cuidados Intensivos son conceptos antagónicos (diariomedico.com)

Alfonso Canabal Berlanga. Jefe de UCI del Hospital Universitario de La Princesa, en Madrid. Máster y profesor de Bioética.

Dom, 14/02/2021 – 08:00

La bioética y la medicina sufren un momento de socialización en el que esta última alcanza a convertirse en instrumento de los mandatos de una sociedad cambiante en sus valores y cultura, aunque el número de países que aprueban la eutanasia pueden contarse con los dedos de una mano. Puede que sea difícil contrariar a esta corriente de pensamiento que, basada en un autonomismo radical importado del liberalismo, sirve de argumentación a la eutanasia.

Pero ¿acaso nos hemos olvidado de ciertos límites, de ciertos valores profundos que cualquier sociedad avanzada no puede ignorar? Así, el compromiso con los más vulnerables, con los más enfermos y sufrientes, con los que desean la muerte porque sufren o no quieren ser una “carga” para los demás, o por simple cansancio de la vida y ausencia de apoyo social. No puede ser. Es mucho lo que debemos debatir antes de solo pensar en acabar con sus vidas.

La situación de la eutanasia preocupa al colectivo médico, porque sabemos de la experiencia de los países que la aprobaron, que también iniciaron sus pasos con leyes “garantistas”, solo para enfermos “terminales” y llenas de requisitos legales; y que después, muy pronto, fueron ignoradas o rectificadas por sucesivas reformas legislativas, donde la condición de “terminal” se sustituyó por la de “crónico” o se admitió la enfermedad psiquiátrica como argumento o el deseo persistente del paciente, y que finalmente se extendió a la población infantil. Ahora se promueve ya la muerte voluntaria por simple cansancio de la vida, sin enfermedad.

La Medicina y la Enfermería son profesiones que poseen un carácter moral, cuyos actos clínicos son actos técnicos y a la vez éticos o morales, regulados por códigos deontológicos: actos que buscan siempre el bien común, la curación de los enfermos y cuando esto no es posible el acompañamiento y los cuidados paliativos.

Acabar con la vida de sus enfermos jamás ha estado en la intención de los médicos o en los fines de la medicina: si tal principio se quebró en el siglo XX, la experiencia es tan cruel que no puede ni ser mentada, y aunque ahora se pretenda destacar como acto autónomo y legal necesita la actuación de un sanitario, que se verá implicado.

La experiencia de los intensivistas les enseña a adecuar los esfuerzos terapéuticos con la situación del paciente.

Reconocer los límites

¿Justifica la legalidad o la cultura o un parlamento dividido la correspondencia de un médico a tal petición por un paciente? En la Medicina de los más graves, en los Intensivos, sus vidas penden muchas veces del soporte vital que nos proporciona la tecnología; pero los médicos estamos acostumbrados a debates éticos diarios respecto a la adecuación del soporte artificial cuando empieza a no haber esperanzas de curación.

Sabemos que podemos proponer, cargados de razón moral, la retirada o el no inicio de medios técnicos desproporcionados o extraordinarios para mantener la vida cuando ya no van a beneficiar al enfermo y sí a prolongar el advenimiento de la muerte. Somos capaces de reconocer nuestros límites con humildad, buscando lo mejor para el paciente y ayudando a sus familiares y seres queridos, y basamos nuestro trabajo y nuestro tiempo en ello.

Nuestra forma de proceder toma en consideración las voluntades anticipadas de los enfermos, la relación con sus familias y/o representantes, las actuaciones conforme a protocolos científicos y el diagnóstico de situación irreversible. Y asumimos la opinión colegiada del equipo sanitario, minimizando así la posibilidad del error y la “obstinación terapéutica”, todo lo cual nos proporciona paz y una decisión clínica con buen soporte ético. Eso no es eutanasia.

Eutanasia e Intensivos son conceptos antagónicos. Durante décadas aprendimos a cambiar el objetivo de nuestra lucha activa, a cualquier coste, por la sanación de los enfermos moribundos; olvidamos el paternalismo duro y nos abrimos a una estrategia de confort cuando ella está indicada, aplicándoles si fuere necesario una sedación paliativa, decisión y acción que no persiguen la muerte del paciente sino la ausencia de sufrimiento.

Buena práctica médica

Y hay que afirmar rotundamente que la “adecuación del esfuerzo terapéutico” junto con las órdenes de “no inicio de reanimación cardiovascular” cuando la muerte es inevitable –y la sedación, si es necesaria– son actos de la mejor práctica médica y cargados de sentido moral; formas de actuar que han cristalizado en nuestra praxis tras largo debate ético de la corporación médica, y décadas de perfeccionamiento, en el que se da participación a los pacientes y/o sus representantes, nunca ignorados en sus sentimientos ni violentados en su autonomía de decisión.

La eutanasia es cosa totalmente distinta; es proporcionar la muerte como objetivo de la acción del médico, la mayor parte de las veces aplicando dosis letales de fármacos que fueron diseñados para disminuir la consciencia o el dolor. Supone una ruptura radical con todo ese marco ético de la medicina actual que se sabe en posesión de soluciones para el sufrimiento y el dolor humanos.

Aun así, somos conscientes de que el proceso de la muerte comienza mucho antes y de que es imprescindible dotar mucho más a los cuidados paliativos, una especialidad ejemplar, que busca el confort del enfermo no curable sin abandonarle y sin el contrasentido de acabar con su vida. La eutanasia es un camino peligroso, innecesario, paradójico en una sociedad desarrollada. Es otra cosa. No es Medicina.