Asociación Española de Farmacéuticos Católicos | IV ENCUENTRO ASOCIACIONES PROFESIONALES FARMACEUTICAS. “UN RETO: REDESCUBRIR AL PACIENTE”
16081
post-template-default,single,single-post,postid-16081,single-format-standard,cookies-not-set,vcwb,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-16.6,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.5.2,vc_responsive

IV ENCUENTRO ASOCIACIONES PROFESIONALES FARMACEUTICAS. “UN RETO: REDESCUBRIR AL PACIENTE”

IV ENCUENTRO ASOCIACIONES PROFESIONALES FARMACEUTICAS. “UN RETO: REDESCUBRIR AL PACIENTE”

Quería comenzar dando las gracias a Fernando Caro y a todo el comité organizador por hacer posible estos encuentros en los que, de la mano de este cuantioso número de asociaciones profesionales, se nos brinda la oportunidad de poner en común nuestros puntos de vista en relación a la realidad actual de la farmacia, lo que resulta gratificante y enriquecedor.

El tema elegido para el presente encuentro “El farmacéutico del siglo XXI ante las nuevas demandas de los pacientes”, ha motivado a la AEFC a dedicar nuestra intervención a la necesidad de volver a centrar la mirada a lo que es el objetivo principal de nuestra profesión: el paciente.

Por ello la hemos titulado: “Un reto: redescubrir al paciente”.

En ella, recordaremos la razón de ser de nuestra profesión y el entorno en el que se mueven la farmacia y el paciente en la actualidad.

Expondremos quién es el paciente, evaluaremos su relación con la profesión farmacéutica y descubriremos sus necesidades.

Y terminaremos concluyendo con las actuaciones que deberíamos emprender para adaptar nuestra actuación profesional al paciente de hoy en día y asistirle como ser digno único y personal.

¡Así que… Comenzamos!

El origen y la razón de ser de la profesión farmacéutica estriba en la búsqueda de los remedios más adecuados para tratar las dolencias de los pacientes.

En el transcurrir de la historia ha ido adaptándose a las circunstancias y necesidades de cada uno, poniendo al servicio de ellos sus conocimientos e investigando sobre los diferentes problemas de salud que han ido surgiendo a lo largo de los tiempos.

A su vez, el farmacéutico ha sido y continúa siendo el profesional de la salud más accesible al paciente y en el que tradicionalmente ha depositado su confianza.

Podríamos decir que la profesión ha ido acompañando al hombre en su evolución a lo largo de los tiempos, y es en él en el que basa su razón de ser.

Es decir, se encuentra ante un constante reto: redescubrir al paciente

En la actualidad, nos encontramos ante un escenario en el que la sostenibilidad del modelo farmacéutico, la industria y la distribución están viéndose seriamente comprometidas debido a la continua y drástica bajada del precio del medicamento.

La posibilidad que se plantea estos días de una subasta en el sector público: 1) comprometería el abastecimiento de todo el mercado y, por tanto, la accesibilidad a ciertos fármacos en los colectivos más desfavorecidos, y 2) supondría una nueva bajada del precio del medicamento, con las consecuencias que de esto se derivarían.

Ante esta situación, vemos cómo las empresas se han visto obligadas a buscar alternativas de negocio lícitas potenciando toda la cartera de servicios que puede ofrecer la farmacia (y que hasta ahora se encontraban menos desarrollados) que les permitan ser sostenibles y continuar ofreciendo el servicio sanitario, razón de ser de su existencia.

Y es en este punto en el que la profesionalidad de los farmacéuticos muchas veces no ha sido bien comprendida.

Desde nuestra asociación queríamos resaltar la importancia de que, en esta búsqueda de sostenibilidad, la comunidad farmacéutica, mantenga siempre atenta la mirada a aquellas herramientas que, desde las diferentes instituciones y asociaciones de profesionales, ha sabido desarrollar para preservar la identidad de nuestra profesión.

Nos referimos, entre otras, a los códigos deontológicos elaborados por las organizaciones colegiales y corporaciones farmacéuticas, que regulan la actuación del farmacéutico en su ejercicio profesional conforme a unos principios éticos, y que guiarán su labor en la sociedad y en el cuidado de la salud de los pacientes.

En relación al tema que nos ocupa esta mañana, cabría destacar los principios generales de actuación con el paciente que aparecen en ellos: respeto a la dignidad, contribuir al bienestar y salud de los pacientes, la abstención en aquellas actuaciones que atenten contra la vida, la dignidad de las personas o los derechos humanos, trato igualitario a todos los pacientes, así como la llamada a los profesionales a priorizar la mejora y cuidado de la salud de la sociedad frente a sus intereses particulares.

UN RETO: REDESCUBRIR AL PACIENTE

Ante este escenario nos debemos preguntar quién es el paciente del siglo XXI, cuales sus necesidades y, por tanto, como se debería adaptar la profesión farmacéutica a cada una de ellas.

El paciente, objetivo primario y razón de ser de nuestra profesión, antes de nada, es persona con una dignidad indiscutible de lo que derivan una serie de derechos fundamentales como el derecho a una vida digna y al cuidado de su salud.

En este sentido, nuestra actuación ira dirigida al cuidado de cada individuo como ser único e irrepetible desde su concepción hasta su muerte natural.

Este ser único y distinto de la colectividad le otorga el derecho a recibir la personalización de sus tratamientos y cuidados, en función de la diversidad de cada uno.

Especial atención debemos emplear en aquellos que se encuentran en una situación de dependencia o vulnerabilidad ya que se hacen más necesitados de nuestro consejo y atención.

Por lo tanto, el redescubrimiento del paciente se materializará primariamente tomando conciencia de ante quién estamos y posteriormente, a través de la comunicación con él.

Esta tarea supone un esfuerzo para conseguir llegar a él: conocer su situación y sus necesidades con el fin de ofrecerle una atención integral, holística (cuerpo y espíritu), porque el farmacéutico también tiene un papel clave en el estado psicofísico de bienestar del paciente.

La receptividad del paciente al consejo del farmacéutico

En el encuentro entre el paciente y el profesional de farmacia podemos encontrarnos diferentes actitudes por parte del paciente:

Hay pacientes que acuden a las oficinas de farmacia con el fin comprar la medicación que le ha prescrito el médico, y nada más.

Hay quienes, no tiene tiempo de acudir al médico y entran en la farmacia a pedir consejo o un remedio.

Otros, directamente, hacen una búsqueda en internet y vienen a adquirir sus medicamentos.

Y también los hay quienes entran porque están solos y necesitan que se les escuche y poder contar sus problemas a alguien.

Independientemente de la actitud inicial del paciente que entra en contacto con el farmacéutico, éste debería sentirse acogido como ser único, respetado en su singularidad, merecedor de toda la atención por parte del profesional, ante el que sabe que puede depositar toda su confianza.

¿Qué espera el paciente del farmacéutico?

En cualquier caso, el paciente:

Espera ese reconocimiento como ser único.

Espera, una atención de calidad del profesional sanitario al que tiene mayor acceso.

Espera un consejo sanitario, o la solución de un problema.

Espera la disponibilidad de la medicación y de los remedios que estén a su alcance para mejorar su calidad de vida.

Espera que continúe su labor de investigación y desarrollo de nuevos fármacos para el tratamiento de las nuevas patologías emergentes y mejorar la calidad de vida.

Por ello los farmacéuticos deberíamos ofrecer esa calidad en la atención cualquiera que fuera el servicio que el paciente demandara en cada momento. En caso contrario, ¿qué diferencia habría entre nuestra actividad y la venta on-line de medicamentos?

Necesidad de adaptación: el diálogo con el paciente

Y es que, para ofrecer una asistencia de calidad y descubrir al paciente del siglo XXI se hace cada vez más necesario adaptar las nuevas técnicas de comunicación a ese dialogo con el paciente con el fin de conocer cuáles son sus necesidades y transmitir de la manera más idónea la información científica, y así conseguir el objetivo terapéutico.

El paciente del siglo XXI tiene una forma de comunicarse diferente: quizás seamos más visuales que antes, pensamos con más rapidez, necesitamos respuestas inmediatas y, acogeremos mejor el mensaje si viene de la mano de las nuevas tecnologías.

El paciente del siglo XXI, en general, no está familiarizado con el dolor ni el sufrimiento y huye de ello… Es poco paciente… La enfermedad es un contratiempo en su vida felizmente programada y no tiene tiempo para reflexionar sobre ello.

Por lo tanto, del farmacéutico se espera: una actitud empática ante el paciente (proveniente de tomar conciencia de la dignidad de cada individuo y del respeto que se merece), una constante apertura al diálogo, y una alta capacidad de persuasión para conseguir una mayor eficacia de los tratamientos y el bienestar psicofísico del paciente.

Es en este punto en el que puede resultarnos de utilidad en nuestra labor profesional el desarrollo de las nuevas herramientas de comunicación y habilidades sociales por parte de los profesionales para conectar con el paciente, del siglo XXI:

Habilidades sociales como

– Empatía: para, compartir y comprender lo que el paciente puede sentir y preocuparnos por su situación.

– Cercanía, paciencia y complicidad: para acompañar e interactuar con el paciente y los demás agentes sanitarios.

– Escucha activa, facilidad de comunicación, persuasión y resolutividad: para poder hacer llegar la información científica y el consejo con claridad, así como

– Positividad y objetividad.

Todas ellas son ejemplos de habilidades que facilitarán la labor asistencial del farmacéutico, provocando la apertura al diálogo por parte del paciente y, por tanto, facilitando el conocimiento de las circunstancias de cada individuo y la transmisión de la información científica, que se traducirán en una mayor efectividad de los tratamientos.

Igualmente, en esta tarea de redescubrir al paciente a través de la comunicación con él y de empatizar con él, resulta fundamental mostrarle esa cercanía y complicidad también hacia sus creencias (o quizás abrirle estos horizontes) con el fin de contribuir a la mejora de su estado psicofísico de bienestar.

Así lo reflejan estudios recientes (como el del Journal of American Medical Asociation -JAMA Internal Medicine Junio 2016. Vol 176. Number 6), que concluyen que apoyar las creencias de los pacientes contribuye a su bienestar físico y psíquico.

En nuestra sociedad actual encontramos una gran variedad cultural y religiosa, y las creencias religiosas orientan sobre el sentido del dolor y del sufrimiento, dando respuesta al sentido de la vida y a cómo sobrellevar la enfermedad.

La enfermedad suele venir acompañada de múltiples factores psicológicos, sociales y espirituales que son origen de sufrimiento por parte del paciente, por lo que aunque es el paciente quien debe integrar en su vida la enfermedad, muchas veces necesita de orientación y apoyo para sobrellevarla y es aquí donde especialmente espera la cercanía del personal sanitario, de ahí la importancia de su formación y atención en estas materias.

Necesidad de adaptar la labor asistencial del farmacéutico en los diferentes escenarios de la profesión

Por otro lado, al igual que veíamos la necesidad de que el farmacéutico se adaptase al nuevo perfil del paciente y desarrollara nuevas habilidades para poder redescubrirlo, se haría necesario también que, en los diferentes ámbitos de actuación de nuestra profesión, facilitemos esa labor y rediseñemos nuestro entorno laboral a nuestra labor asistencial.

El paciente del siglo XXI debería reconocerse como objetivo prioritario en cada uno de los escenarios de nuestra profesión pero especialmente en la oficina de farmacia. Este es el escenario que especialmente debemos cuidar por ser en el que tiene lugar este encuentro directo y personal con el paciente y donde se desarrolla la mayor parte de nuestra labor asistencial. Por ello deberíamos:

  • revalorizar el espacio dedicado a la atención del paciente, facilitando la confidencialidad y el dialogo, y priorizar nuestra actividad como establecimientos sanitarios,
  • acercar la farmacia al paciente poniendo a su disposición las nuevas tecnologías y habilitar las redes sociales para hacer campañas de prevención y educación sanitaria, así como para fomentar el diálogo y el buen uso del medicamento,
  • gestionar eficazmente los desabastecimientos e incidencias en los tratamientos sabiendo comunicarlos al paciente y los presciptores, y buscando las alternativas terapéuticas disponibles con el fin de facilitar la adherencia a los tratamientos, especialmente en los enfermos crónicos,
  • facilitar el acceso a los servicios de atención farmacéutica a todos los pacientes, especialmente en situaciones de inaccesibilidad, discapacidad o dependencia,
  • y, continuar la labor de fomentar la formación continuada con el fin de ofrecer una asistencia sanitaria de calidad y focalizada en el paciente:
  • 1) motivando a nuestros equipos de trabajo en esta dirección: facilitándoles el acceso a dicha formación, con el fin de implicarles positivamente en la labor conjunta en beneficio del paciente,
    • 2) fomentando programas de formación en humanidades y habilidades sociales encaminados a centrar nuestra actuación profesional en el paciente y su reconocimiento como persona y, así, facilitar nuestra labor asistencial.

COMO CONCLUSION, DOS IDEAS:

  • El paciente es la razón de ser de la profesión farmacéutica.
  • En momentos de dificultad, se hace mucho más necesario volver a esas raíces de nuestra profesión, empleando las herramientas necesarias y adaptando nuestro entorno laboral, para redescubrir al paciente en el siglo XXI como persona, como ser único, y diana de nuestra actuación profesional.

MUCHAS GRACIAS A TODOS