26 Mar Asistimos al XXVII Congreso Nacional Provida «Desde las entrañas», 7 y 8 marzo 2025
Artículo escrito por Pablo Pascual Villoria. Farmacéutico y socio de la AEFC
“DESDE LAS ENTRAÑAS”
Con tan potente lema arrancó este año el Congreso Provida. En una cultura líquida de ambigüedad y pérdida de vínculos seguros, el Congreso recordó un año más que la vida importa, que es digna dese su inicio a su fin natural, que mantiene vivo aquél grito de 2N-1982 «No se puede legitimar la muerte de un inocente», y que en ello nos va la vida.
En su interdisciplinariedad el Congreso transcurrió de la antropología a la biomedicina, del derecho a la biología, de la sociología al testimonio en primera persona. 24 h de acogida en la Universidad CEU San Pablo con ponentes de calidad que sembraron certezas y refrescaron certezas, abordando la cuestión como sugiere Spaemann para tiempos de crisis: desbaratar sofismas y recordar lo obvio. Los Congresos Provida aportan formación, nuevas iniciativas y sinergias para que no decaiga el preciado corpus vitae. Refiero algunas ponencias del sábado.
Vicky Blasco contextualizó el hecho de ser mujer: ocurre que si vales diez y te dicen que eres dos, pues te has quedado sin ocho en tu vida. El abrazo marital que acoge al marido y al hijo se pierde en la medida que la sexualidad se disocia. Cuando es anticonceptivo en aras del placer puede llegar a rechazar la maternidad cuando el embarazo es no deseado. “Liberado” el varón queda la mujer en soledad hiper responsable, abocada a un túnel del que es difícil salir. Si el feminismo de primera ola luchó por la igualdad de oportunidades, siguió otro que quiso imitar al hombre en su versión menos afortunada. Varón y mujer nos cuidamos, no competimos, referentes a trasmitir a los hijos. La deriva deshumanizadora se constató en la Conferencia del Cairo (1994): el niño vale o no vale según sea o no deseado. Tres décadas de políticas de salud sexual y reproductiva de este cuño están presentes en la Agenda 2030. La verdad gana aunque tarde más porque va cuesta arriba a diferencia del mal y la mentira.
Mónica Barahona describió con la precisión y belleza que acostumbra la maravilla de la vida, cronología y sorpresa. Dos actores, óvulo y espermatozoide originan una célula sin parangón, totipotente de 46 cromosomas, que si no se malogra o violenta llega a ser persona autónoma e irrepetible de 120 tejidos y 250 tipos celulares. La genética molecular ha descubierto secuencias específicas Alu 7000 para la especie humana. Situado en el extremo de la trompa el óvulo gira y gira 24h en espera del espermatozoide adecuado, ni el más veloz ni el más fuerte necesariamente sino –misterio- el que reconoce el óvulo, al que permite el paso por su zona pelúcida que cierra de inmediato impidiendo el paso de otro espermatozoide –fidelidad celular-. Se refirió a la falacia del término preembrión -en realidad embrión preimplantatorio– y la perversa consideración de embarazo por la OMS, solo a partir del embrión implantado,
un burdo intento de cancelarlo en sus dos primeras semanas de vida contra toda evidencia. La realidad biológica sin embargo no deja de asombrar: tras constituirse el cigoto se especializa desde su primera división que se realiza por un eje definido de polaridad que va del punto de entrada del espermatozoide al de expulsión del primer corpúsculo polar, resultando un embrión de dos células con finalidad precisa: una, cuerpo embrionario y otra, trofoblasto, que avanza multiplicándose por la trompa -7d- hacia el útero en diálogo materno-filial con moléculas caderinas de anclaje e implantación en el útero –otros 7d– un proceso completo de reconocimiento/adhesión/ tolerancia- hasta la completa implantación. Un diálogo imposible para la FIV y de ahí su alta tasa de abortos. En su novena semana el embrión siente pero es hasta la catorce que nuestra legislación consiente aborto libre. Del nasciturus persona a nasciturus derecho de la mujer. Involución legislativa: delito convertido en derecho de mujer, justificado en modo Eichmann -cita de H Arendt-: la ley lo permitía y yo lo hice muy bien.
Ignacio Sánchez puso de manifiesto cómo la sociedad puede cuando quiere minimizar lacras. En 1989 llegamos España sufrió el máximo en muertes en carretera: 9.344. La sociedad puso manos a la obra, incidiendo en cuantos aspectos influyen en los accidentes de tráfico con un descenso significativo hasta los alrededor de 1.500 actuales. La actitud “quid ultra faciem” –qué más podemos hacer- es no bajar la guardia ¿Cuándo se aplicará al aborto?
Rodrigo Orozco, responsable de Servicio en Medicina materno-fetal recordó el Juramento Hipocrático que no discrimina. Ante la duda diagnóstica/pronóstica prenatal insistió en la necesidad de pedir una segunda opinión que confirme el dato inicial y pueda ampliar opciones. Un trato inadecuado a la nueva vida concebida frustra los progenitores. La amniocentesis bien orientada contribuye a tratar al feto como paciente y no tiene en origen una finalidad IVE –Interrupción Violenta del Embarazo-. La información veraz es poder, buena praxis, capacidad para acoger la vida prenatal de la mejor manera, acompañando empáticamente en todo momento a los padres. La ciencia mal entendida o mal aplicada vicia el consentimiento al que tienen derecho los usuarios del sistema de salud. Llamó la atención la pasión y vocación de este joven profesional que ha formado un equipo capaz de llevar a cabo la mejor praxis, incluso –impresionante muestra de respeto- extrayendo y entregando el hijo muerto sin legra. El ejercicio de la medicina es factible en su verdad, con determinación y competencia.
Arthur Alderliesten abordó la cuestión poco conocida del padre ante el aborto. Aproximadamente un tercio de los mismos se mantienen en actitud de neutralidad ante lo que consideran responsabilidad última de la madre, lo cual merece la pena ser investigado.
En todo momento el clima vivido en el Congreso fue de esperanza. Alejandro Navas, Miguel Angel Quintana, Pablo Sánchez, Julio Tudela, Ana Isabel Vera, Guillermo Morales, y los testimonios de Mariló Alfonso, Angeles y Tomás la plasmaron en sus aportaciones sin dejar por ello de profundizar en las insidias de la más grave epidemia.

De izquierda a derecha: Francisco Javier Badía, Juan José Retuerta y Pablo Pascual, socios de la AEFC